¿Mercedes Benz Diesel y aparte AMG?

  • 15 noviembre, 2017
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orría el año 2000 cuando el diésel era el carburante del futuro. Adquirir un diésel era hacerse con un coche todo ventajas por consumo, rendimiento y bajas emisiones de CO2, tal era el frenesí que hasta fabricantes como Mercedes empezaron a ver en el diésel un posible recurso para fabricar coches deportivos. Aunque combinar altas prestaciones y motor diésel sonaba a locura, en AMG quisieron dárselas de visionarios allá por 2003 y desarrollaron su primer “deportivo diésel” bajo la denominación Mercedes C 30 CDI AMG. Fue el primer AMG diésel, pero también fue el último.

El primer AMG diésel fue un experimento que seguía los pasos de un mercado enamorado del gasóleo

Cuando hablamos de coqueteos entre deportividad y motores diésel siempre se nos viene a la cabeza la imagen de Audi, a todas luces el fabricante que más y mejor defendió esta idea con sus prototipos y victorias en las 24 Horas de Le Mans. Pero aunque Volkswagen y Audi llegaron a desarrollar los todopoderosos 5.0 V10 TDI de 313 CV y 6.0 V12 TDI de 500 CV, fue Mercedes-Benz quien se tiró a la piscina y encargó a AMG poner a punto un motor diésel bajo la filosofía un hombre una máquina, empleando además todo lo disponible en puesta a punto de chasis y grupo de transmisión para que ese primer AMG diésel fuera un AMG con todas las de la ley.

El resultado del experimento fue el Mercedes C 30 CDI AMG, modelo que llegaría al mercado en carrocerías SportCoupé, berlina y familiar. Este primer AMG diésel compartía un nutrido número de elementos con el Mercedes C 32 AMG, el hermano gasolina que empleaba un motor 3.2 V6 Kompressor de 354 CV. Bajo el capó del C 30 CDI AMG se incluyó el motor turbodiésel de 3 litros (2.950cc) y 5 cilindros que era común en toda la gama Mercedes, sin embargo AMG revisó la mecánica para llevar la potencia máxima hasta los 231 CV y el par máximo hasta los 540 Nm. También se revisó el cambio automático “SpeedShift” de 5 relaciones consiguiendo firmar una velocidad máxima de 250 Km/h y una aceleración de 0 a 100 Km/h en 6,8 segundos… por aquel entonces se hizo con el título de el diésel más rápido del mercado.

Puesto a la venta en 2003, el Mercedes C 30 CDI AMG tuvo una vida comercial realmente corta con el final de su producción en 2004. Desde su lanzamiento Mercedes y AMG tuvieron que capear un sinfín de críticas en cuanto al concepto: diésel + deportividad, no tanto así en su rendimiento cuyas cifras no eran nada malas para lo que era un diésel de la época. El funcionamiento de los 231 CV y el sonido que emanaba de aquel 5 cilindros turbodiésel no eran los esperados en un AMG, por muy conseguido que estuviera, nadie podía ocultar que bajo el capó de aquellos Mercedes había un motor diésel que en nada se parecía a su hermano de gama el Mercedes C 32 AMG.

Con el punto final al experimento diésel de AMG se aseguró que en Affalterbach no volverían a plantearse nada parecido. Pasado el tiempo han cumplido su palabra y a futuro sólo se vislumbran mecánicas gasolina y sistemas híbridos, pero nada de diesel.

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