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Biografías HANGAR1: Rudolf Diesel

La invención del motor diésel ha revolucionado el mundo del automóvil. A más de 100 años de su creación, representó un gran avance tecnológico que ha llegado hasta nuestra actualidad. El autor de esta innovación es el ingeniero alemán Rudolf Christian Karl Diesel.

Estudió en la Escuela Politécnica de Munich en 1883 después de haber realizado estudios en Inglaterra. Fue en la ciudad alemana donde entró en contacto con el empresario alemán e inventor del termointercambiador Carl von Linde. En 1880 el ingeniero alemán comenzó a trabajar con Carl von Linde en París como ingeniero de refrigeradores, trabajando durante una década con motores solares y calderas.

Teniendo experiencia previa en otros motores, fue que nació su interés en el desarrollo de un motor de combustión interna cuyo rendimiento energético se aproximara lo máximo posible al rendimiento teórico.  En 1890, regresa a Berlín para ocupar un nuevo cargo en la empresa de Von Linde; y es por ese tiempo que concibió la idea que a la postre se traduciría en el motor que hoy lleva su nombre. Obtuvo la patente alemana de su diseño en 1892.

Antes de presentar al mundo su ingenio en motor diésel, Rudolf produjo varios modelos, hasta que en 1897 logró presentar al mundo su producto final. Un motor capaz de desarrollar una potencia de 25 caballos de vapor.  La alta eficiencia de los motores diésel, unida a un diseño relativamente sencillo, se tradujo rápidamente en un gran éxito comercial e internacional, que reportó a su creador importantes beneficios económicos.

Rudolf Diesel no logró disfrutar a plenitud la fama y los ingresos por su invención, ya que, a finales del mes de septiembre de 1913, de manera muy misteriosa fue hallado muerto en aguas abiertas del Canal de la Mancha.

Algunos especulan que a Diesel lo lanzaron al agua.

Pero, ¿quién podría haber estado interesado en el deceso del insolvente inventor?

El dedo acusador ha apuntado a dos posibles candidatos.

Ese otoño, la gripe equina paralizó las ciudades de Estados Unidos. Las tiendas estaban vacías, los bares no tenían cerveza, la basura se apilaba en las calles.

Una ciudad de medio millón de personas podía tener 100.000 caballos, cada uno cubriendo las calles con sus 15 kilos de excremento y 4 litros de orina al día.

Un motor asequible, fiable y pequeño que pudiera reemplazar al caballo sería una bendición.

El motor de vapor era un candidato: autos con ese sistema estaban empezando a perfilarse como una buena opción.

Otra era el motor de combustión interna, cuyas primeras versiones utilizaban gasolina, gas o hasta explosivos.

Pero cuando Diesel era estudiante, esos tipos de motores eran deplorablemente ineficientes: apenas convertían alrededor del 10% del calor en energía mecánica.

Fue en una conferencia sobre termodinámica en el Real Politécnico Bávaro de Múnich que Diesel aprendió que era teoréticamente posible hacer un motor de combustión interna que aprovechara todo el calor.

Una razón por la cual el motor de Diesel es más eficiente es que no necesita una chispa. Los de gasolina funcionan comprimiendo una mezcla de combustible y aire y prendiéndola usando la bujía.

En la versión de Diesel, el aire se comprime tanto que el combustible se enciende por contacto, así que gasta menos.

El inventor alemán diseño su motor para que usara una variedad de combustibles, desde polvo de carbón hasta aceites vegetales.

En 1900, en la Feria Mundial de París, el inventor mostró un modelo basado en aceite de cacahuete y con el paso de los años, se volvió en un defensor a ultranza de esa causa.

En 1912, un año antes de su muerte, Diesel predijo que los aceites vegetales se convertirían en una fuente de combustible tan importante como los productos del petróleo.

Esa era, sin duda, una visión más atractiva para los dueños de granjas de maní que para los de campos de petróleo, y el ímpetu para hacerlo realidad se disipó en gran parte tras la muerte de Diesel.

De ahí la teoría de conspiración que inspiró un titular sensacionalista y especulativo en un diario de la época:

“Inventor asesinado por agentes de grandes compañías petroleras”

Recientemente ha habido un resurgimiento del interés en el biodiésel. No contamina tanto como el petróleo, pero también es polémico: compite por la tierra con la agricultura y aumenta el precio de los alimentos. En la época de Diesel, eso no era problema: la población era mucho más reducida y el clima, más predecible. A él le entusiasmaba la idea de que su motor pudiera contribuir al desarrollo de economías agrícolas pobres.

Para cuando su cuerpo apareció flotando 10 días más tarde al lado de otro barco, estaba tan descompuesto que no pudieron hacerle una autopsia. La tripulación ni siquiera quiso llevarlo a bordo: le sacaron su billetera, su navaja de bolsillo y el estuche de sus gafas, que su hijo después identificó.

Un trágico e inexplicable final para un ingeniero de mente brillante que marcó un antes y un después en la industria automovilística. Sin embargo, su legado se mantiene vivo en millones de autos en todo el mundo. ¡Larga vida al diésel!